Agujas colinegras en Vegas Altas del Guadiana, Febrero 2010
Como recogen las palabras de David Attenborough "Cuando el naturalista se enamora de la Naturaleza, ya nunca tendrá suficiente", recogidas en el comienzo del la Bitácora de Humboldt, un blog que sigo asiduamente y que me aporta mucho.
Lavandera blanca, o chirivita una de mis primeras observaciones
Pincha en las fotos y se ve mejor
Todos tenemos un inicio, en mi caso fue la observación de las aves y, en concreto, las lavanderas y mosquiteros que llegaban "al Llano", un descampado a las afueras y cercano a mi casa, donde hoy se asienta el instituto Bárbara de Braganza en Badajoz. Tuve la suerte de tener amigos cerca como Joaquín Mazón y Manolo Flores, con quien descubrir y compartir esa experiencia, cuando todavía apenas podía moverme en bicicleta y mi radio de acción se alejaba de mi domicilio apenas 10 km. Entonces caminábamos hasta El Tomillar a través de un olivar donde escuchábamos el canto del mochuelo y cogíamos las primeras "frezas" de sapo corredor.
Mis primeros CUADERNOS DE CAMPO
Un maestro a quien nunca podré agradecérselo suficientemente, fue Antonio Gutiérrez y la inseparable " Piscis", donde cuidábamos animales accidentados pagando su comida y medicinas de nuestro bolsillo, ese fue el primer punto de convergencia entre niños que más tarde serían los grandes naturalistas de la Extremadura de hoy.

Con la llegada del coche (gracias a Domingo Rivera y su seat 124 azul), la distancia, los hábitat y las especies se multiplicaron en poco tiempo y, también las aficiones. Por fin llegamos a la Sierra de San Pedro y El Saltillo parecía el lugar más remoto de la tierra, con sus perdiceras, alimoches y venados. Comencé a fijarme en los anfibios, los reptiles, las orquídeas o las arañas (a esto contribuyó Joaquín Dávalos que además fue el primero de nosotros en tener cámara fotográfica, una Yashica FX3) y así, el abanico se extendía cada fin de semana.
El Saltillo a tinta, ahora resulta que se llama Rivera de Sansustre
Llegaba un momento en que los cuadernos de campo tardaban poco en acabarse. Junto con el cuaderno de campo crecía mi colección de plumas, cráneos, láminas y diapositivas (una pena que hoy apenas disponga de sitio para conservarlas bien), testigo inigualable de múltiples vivencias.
Colección de plumas
Las esperas en la Sierra de San Pedro durmiendo al raso, eran lo mejor que podíamos tener y la subida al Torrico con Manolo la repetiríamos todos los años en berrea, aquí observamos nuestra primera "imperial" , una mañana de niebla calados hasta los huesos.
Acuarelas actuales para acompañar mis cuadernos de campo
Pincha en las fotos y se ve mejor
Desde entonces hasta ahora nuestra afición no sólo no ha mermado, si no que se ha convertido en una forma de vida. Las vacaciones y los días libres son para salir al campo, conocer nuevos lugares y compartir con aquellos que estamos llamados a converger en el mismo punto de manera irremediable.






